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Blog El Auténtico Marruecos

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Decía Mark Twain que viajar es fatal para la intolerancia, los prejuicios y la estrechez de mente. No es fácil hablar de las cosas que te acarician el corazón. Nadie nos ha enseñado a hacerlo. Pero, ya que me lo preguntan tanto, les diré que me apasiona Marruecos porque pasé ya demasiados años recorriendo ciudades cosmopolitas, pulcras y monumentales. De Copenhague a Sydney. De Vancouver a Buenos Aires. Refiriéndose a Marruecos, escuché tantas voces negativas del tipo: "¿Ya has visto los videos de las violaciones y lapidaciones? ¿Sabes que es esos países la mujer es menos que basura? Pero si aquello es un desbarajuste, mugre, discriminación, tercermundismo..." Los prejuicios hacia la cultura árabe y los musulmanes, por desgracia, están a la orden del día. Cierto que Marruecos le puede parecer un caos al turista occidental. No lo recomendaría a los más escrupulosos. Y creo que no es para todo el mundo. Y es que lo odias o lo amas. Y yo volví enamorada de Marruecos y de los marroquíes. Y he aquí quince razones por las cuales volvería encantada: 

1) --- Porque, como dice la canción aquella de "Con R de rumba", quiero acción y aquí no pasa casi nada. Marruecos es una bomba para los sentidos y la cantidad de estímulos diarios que recibes hace que te sientas vital y llena de energía. Hace que tengas que estar muy alerta para gestionar todo lo que el país te ofrece. Pura interacción. Pura acción-reacción. Cualquier día te va a pasar algo, me advierten. ¡Pues por eso! Porque siempre pasan cosas, porque fluye ¡y de qué manera!. Por Europa he disfrutado de lo lindo de todo lo que viajar supone, pero nunca he llenado la mochila de anécdotas como en el Magreb. Ni buscándolas, ni provocándolas. Jamás. Los momentos que me regaló el país africano, gracias a la inevitable improvisación, son únicos, irrepetibles y no veo el momento de atravesar el mar océano para coleccionar más. 

2) --- Porque los marroquíes son tremendamente hospitalarios y cálidos. Se preocupan por cuidarte y hacer que te sientas a gusto. Y me sorprende a la vez que me divierte, lo mucho que saben de México (en contraste con lo poco que sabemos nosotros de ellos). Conocen a Cantinflas, transmiten películas de Chema Yazpik en la TV, cantan a Luís Miguel y a Alejandro Fernández, se saben todas nuestras palabras malsonantes y en su boca suenan deliciosas. Lo que verdaderamente me facilitó mucho las cosas a la hora de comunicarme fue la sencillez y la soltura lingüística de los marroquíes. Paseando por las medinas encontraré nativos hablando francés, italiano, portugués, inglés o español con bastante fluidez, y hasta chapurreando alemán, ruso o chino. Además de sus idiomas oficiales, que son el árabe y el tamazigh. Me dio pena que yo llevo toda mi vida estudiando idiomas, me jacto de darme a entender en ocho, y allá los chicos de 25 años los hablan todos mejor que yo. 

3) --- Sus paisajes son de contrastes. Del azul atlántico salpicado de gaviotas de Essaouira, con fuertes amurallados y lanchas color tuareg, a las cumbres nevadas del Alto Atlas. De las dunas doradas del desierto de Erg Chebbi al palmeral de 100 kms del Valle del Draa. Montañas onduladas, granates, ocres y azules. Gargantas profundas de las que brotan manantiales de agua fresca. Extensiones de verde sabana donde los dromedarios pacen y duermen entre los arbustos. Se ven paisajes desconocidos en el medio de la nada, se escucha el más insondable silencio y tus ojos descubren una panorámica de 360 grados intentado registrar lo que tienen delante. 

4) --- Sus ciudades son vibrantes. Nada como perderse en la medina de Tetuán, con sus muros encalados de los que cuelgan las buganvilias. O regatear en el zoco de Marrakech y cenar en su siempre animada plaza de Jemaa el Fna, el mayor teatro del mundo. O sentirse estrella de cine en los decorados de los estudios de Ouarzazatewood. Recorrer palacios de los antiguos sultanes, tumbas centenarias y escuelas coránicas. Transitar por las callecitas azules llenas de arte (y de hachís) y bañarme en las cascadas de Chaouen. 

5) --- En la Plaza Jemma el Fna, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial, la sensación es de estar en un cuento de las 'Mil y Una Noches'. Es un espectáculo en sí cuando el sol cae, cientos de personas montan sus puestos, los turistas se mezclan con músicos, limpiadores de zapatos, tatuadores de henna, bailarines, vendedores de aceite de Argán (o del juego de naranja más exquisito que hayas probado), encantadores de serpientes, adiestradores de monos... en su conjunto, una plaza que despierta todos tus sentidos. Las terrazas de las azoteas se llenan para admirar la puesta de sol, los tejados de las casas con sus antenas parabólicas, el bullicio de la plaza, la mezquita, el rezo... hay que estar allí para sentirlo. 

6) --- Porque en Marruecos todo es luz y sol, y yo soy animalito que funciona con energía solar, la luz afecta mi dinamismo en forma importante. Así como Nueva York me marchitó, Marruecos me hizo renacer. Yo, de rezarle a algo, le rezaría al sol. 

7) --- Porque me encanta comer bien. Y la vida en la calle, y el respeto a los mayores, y las sonrisas sinceras, y las muestras de cariño, y la espontaneidad... Mi pasión por Marruecos es difícil de explicar pero sé que desde que pisé el país por primera vez y sentí esa magia, esa vida, esa autenticidad, esa manera de reír, esa humildad, esa emoción, esa evasión, esa cultura, esa simpatía, esa realidad, esa hospitalidad, esa caótica tranquilidad, esa empatía, esa sencillez, esa naturalidad, esa honestidad, ese desparpajo, esa alegría, ese erotismo... ya no he vuelto a ser la misma. 

8) --- Su deliciosa gastronomía. Me pierde el sabor y olor del cilantro fresco y azafrán que impregna toda su cocina. Unos msemmen con miel de argán o con queso de cabra, un cous-cous de verduras, pasas y almendras, un jugo de aguacate con naranja para morirse, un delicioso tagine de cordero recién hecho, peces de extraña apariencia y alucinante sabor que saltan del mar al fogón, o simplemente una harira, esa exquisita sopa espesa de verduras y legumbres, ligeramente picante, repostería alucinante con ingredientes imposibles. 

9) --- Los Hammam. Que estos baños estén habitualmente cerca de las mezquitas no es casualidad; antes de rezar los musulmanes deben hacer un riguroso ritual para realizar la oración de forma limpia y pura. Además, en Marruecos, como en tantos otros lugares, muchas de las casas no tienen una regadera o una tina propiamente dicha. Algunas tampoco agua caliente. Por eso, es común que la gente acuda con mucho gusto a estos baños públicos varias veces por semana para conseguir esa pureza corporal y espiritual. Unos baños a los que las mujeres más tradicionales van con sus hijos para reunirse con otras mujeres, salir de la rutina, distraerse, contarse penas y alegrías y, ya de paso, familiarizar a los chamacos con el cuerpo humano, sin tabúes. Ir a un hammam no es sólo una cuestión de higiene. Es un ritual que va mucho más allá y que tanto hombres como mujeres realizan para cuidar su cuerpo y su alma, para relajarse y meditar. Lo normal es ir en traje de baño y con chanclas, con una toalla y con el frasco de champú en caso de que lo vayas a utilizar. Además hay que llevar un guante-esponja y jabón negro (savon noir) que te exfolia hasta los malos pensamientos, para que la señora -o señor- del hammam te bañe como lo hacía tu mamá cuando tenías dos años. Los occidentales no estamos acostumbrados a este tipo de servicios y dejar que un desconocido te haga en público lo que normalmente tú mismo te haces en la intimidad, especialmente si eres pudoroso, no es fácil. Menos aun cuando la octogenaria en top-less te pide que te quites el bikini, que le estorba para pasarte el guante con jabón y poder dejarte la piel como nalguita de bebé. En caso de que no quieras hacerlo basta con decírselo unas veinte veces para que te haga caso y no vuelva a intentar arrancarte la poca ropa que te queda. Let it be, a disfrutar la experiencia... Y nunca había dormido mejor ni tenido más dulces sueños. 

10) --- Porque la gente te mira siempre a los ojos cuando te habla. Y no sólo eso sino que te saluda cuando te ve y se despide cuando se va. Leyes básicas de convivencia que en algunos lugares parecen ya prohibidas. La gente en Marruecos no se limita; si les molesta lo dicen y si les gusta también. La gente se muestra, se expresa, se expone. No soporto a los que tienen la misma cara trabajando que de vacaciones. La misma actitud encabronados que tranquilos. La misma expresión en el médico y en el bar. La misma sonrisa enamorados que amargados. En Marruecos si se enojan, se enojan. Y si se alegran, se alegran. Si quieren, quieren. Y si odian, odian. Si trabajan, trabajan al Sol en pleno Ramadán veraniego. Y si descansan... Si descansan descubres una nueva dimensión de la vida contemplativa. Con pasión, con intensidad. ¡Con actitud! No les gustan las medias tintas porque saben que, a la larga, siempre se acaban borrando. Van con todo o no van. Por eso, como se suele decir, a los marroquíes se les ve venir. Y me encanta que sea así. 

11) --- La seguridad. Familiares y amigos me advertían sobre los inminentes peligros de viajar sola a un país musulmán, sin hablar árabe, en "zona de guerra y terrorismo". La verdad es que hay un gran control y la policía cuida mucho al turismo, que es su principal fuente de ingresos, en especial tratándose de una mujer sola. Por supuesto hay que tener sentido común y no andar haciendo locuras, evitar zonas marginales, nunca se está a salvo del todo. Pero eso me detendría también de viajar a París, a Madrid, a Londres o a Niza, donde también han habido atentados y otras plagas. Mantener tus pertenencias a salvo para evitar los pequeños hurtos que pueden amargar las vacaciones. Andar con precaución, no con miedo. En ningún momento y en ningún lugar me sentí insegura o amenazada en forma alguna. 

12) --- El Jardín de Majorelle hace que sientas pasión por la botánica. Adquirido por el diseñador Yves Saint Laurent, cuyo memorial se encuentra al centro, está repleto de nenúfares, bambús, cactus, palmeras, nympheas... un sinfín de plantas y árboles verdes que combinan a la perfección con el amarillo, azul y naranja que predominan en la estancia. Es una buena vía de escape de frescura y serenidad en las afueras de la ciudad. Y el museo Berebere dentro de sus instalaciones, te transporta a otro mundo. 

13) --- La joya del viaje, el Desierto de Erg Chebbi. Los paisajes que registraron mis ojos, son dignos del fondo de escritorio de Windows. A las 18:30 los dromedarios se preparan con sus respectivos guías para recibir a cada uno de sus compañeros de viaje. Lo tienen todo calculado para poder ver la puesta de sol desde las dunas más altas, y créanme, esa puesta de sol no la voy a olvidar nunca. El horizonte se tiñe de naranjas, oro e índigo, sientes la arena en tus pies y no quieres que el sol se ponga. Como un oasis en el corazón del desierto, el campamento está preparado para pasar una noche fantástica: haimas, cena bereber, buena música y excelente compañía. Por un momento olvidas que estás en el desierto, anochece y alrededor todo estará oscuro, sales del campamento, y te tumbas en una cochoneta sobre las dunas para observar los millones y millones de estrellas que cubren el cielo, que son como arrojar un puño de diamantina sobre una cartulina negra. 

14) --- Porque estar en Marruecos es estar en casa. Y como en casa no se está en ningún sitio. El país me sienta tremendamente bien y, con sus cosas buenas y sus cosas malas, suscita lo mejor de mí. Cuando estoy allí soy yo, sin filtros. No sé si es por la gente, por el ambiente, por la forma de vida... pero en ningún lugar siento tanta confianza para soltarme como lo hago en Marruecos. Creo que sólo hace falta ver mis fotos para darse cuenta de que estoy en mi elemento. Sé que no es la más limpia ni la más tranquila, pero es en la que más a gusto chapoteo. Y chapotear sin temor a salpicarse es, hoy por hoy, lo más parecido que conozco a ser libre. 

Por supuesto, también tiene sus sombras. Hay estafas, robos y violencia gratuita, sobre todo si eres una despistada y te metes en lo no te importa, como en todos los países. El acoso constante de los vendedores en ciudades como Tánger o Marrakech, los eventuales timos en algunos negocios (sólo hay que conocer bien la moneda y saber hacer cuentas), las incomodidades de algunos riads, donde todo opera con energía solar y a veces no tienes luz ni para leer, mucho menos para usar la secadora de cabello (una que está acostumbrada a los hoteles de cinco estrellas y gran turismo, gracias Aeroméxico); la arena del desierto, que arruina los lentes de las cámaras y se sigue sintiendo en la boca después de cepillarse los dientes veinte veces. Pero cada noche dormía en una cama cómoda y, siguiendo las costumbres marroquíes, bebía té de menta a todas horas. 

15) --- Y principalmente, porque recorrí ese extraordinario país de la mano de tres príncipes del desierto: y Hassan, Hamid, Mustapha, que me hicieron sentir una diosa, que cuidaron mi seguridad más que mis propios hermanos, que me mimaron y consintieron hasta mi último capricho. Y encima de todo, son guapérrimos. 

Un plus: Marruecos es como un desconcertante viaje en el túnel del tiempo: por momentos es una escenografía de película épica, viajas doscientos años atrás; otros, viajas al futuro con el proyecto de energía eólica más grande del mundo, que provee incluso a Europa. Por momentos es África pura, por momentos parece Asia (por sus colores, sus aromas, su vida callejera), por momentos se asemeja al imaginario colectivo que tenemos de “Arabia” y sus mil y una noches, y a veces hace palidecer a los asépticos USA.

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Chefchaouen es hipnótico, mágico y azul. La montañosa ciudad del Rif marroquí presume de ser una de las ciudades más bonitas e impactantes de todo Marruecos, cosa que pueden atestiguar los miles de visitantes que recorren sus impolutas calles cada año. Callejuelas limpias, fachadas de tonos azules y un aire mágico que es difícil de olvidar. El paraíso azul al que todos queremos regresar.

Pero, ¿qué te vas a encontrar cuando llegues a Chefchaouen?
Con la experiencia de varias visitas que hemos realizado, os recomendamos qué ver y hacer en Chefchaouen.

 

Arco entrada a la medina

Tu visita de Chefchaouen se debe centrar en pasear y disfrutar del encanto de su medina, para lo que te aconsejo que entres por su puerta principal, con un arco de entrada situado al sur de la misma, en la calle principal que cruza esta pequeña ciudad de oeste a este.

Pues, efectivamente, cuando llegues a Chefchaouen no esperes encontrarte con un pequeño pueblo, sino que se trata de una pequeña ciudad de unos 40.000 habitantes, capital de la provincia del mismo nombre, en la región de Tánger-Tetuán.

Zoco de la medina

Desde el arco de entrada de la medina de Chefchaouen debes subir por el estrecho callejón que al final te conducirá al centro neurálgico de la misma, la plaza Uta el-Hamman.

Dicho callejón es un verdadero zoco con una sucesión de tiendas de souvenirs, ropa y artesanía, el cual si visitas Chefchaouen en un puente o en época vacacional, lo vas a encontrar a rebosar de gente, hasta el punto de que puedes sentir algo de atosigamiento.
De este callejón parte hacia la derecha otra callejuela tipo zoco, que de hecho se anuncia como calle comercial, la cual te llevará a la parte posterior de la alcazaba situada en la plaza, desde donde también llegarás a esta.

Kasba en plaza Uta el-Hamman

Como he dicho, esta plaza es el corazón de la medina, y te adelanto que tiene un gran encanto.

Siempre muy concurrida, en Uta el-Hamman destaca la alcazaba o kasba, una fortaleza que ha sido restaurada y en su interior alberga un pequeño museo etnográfico, aunque te diré que aún no he tenido ocasión de visitarlo.

También te llamará la atención la Gran Mezquita del siglo XV, que muestra una torre octogonal, lo cual no es nada habitual en las mezquitas de Marruecos.

La plaza está llena de terrazas de cafés y restaurantes, siempre con una gran animación.

Rincones en la medina

Desde la plaza debes seguir subiendo por las distintas callejuelas de la medina.

Debes saber que Chefchaouen está situado en las estribaciones de la cordillera del Rif, una zona montañosa de paisajes siempre sorprendentemente verdes, de forma que la pequeña ciudad y su medina se extiende sobre una ladera de una montaña.

En este paseo por las callejuelas de la parte alta de la medina es donde descubrirás el verdadero encanto de Chefchaouen.

Si bien sigue habiendo tiendas, la mayoría de artesanos locales, sobre todo es una zona residencial que encierra rincones con el gran encanto del color azul de las fachadas de las casas.
Escalinatas, pasajes con arcos, patios interiores...ahí está dicho encanto de Chefchaouen. Y si eres un aficionado a la fotografía, no te vas a cansar de ir descubriendo esos rincones.

Tiendas de artesanos en Chefchaouen

Los artesanos y artistas locales te mostrarán sus obras artísticas en las tiendas que se salpican por esta parte alta de la medina.

Pintores, ceramistas, artesanos del hierro, escultores...; en suma, te va a ser difícil no llevarte un recuerdo artístico de Chefchaouen, eso sí, tras el habitual e imprescindible regateo.

En este paseo te podrás refrescar con un zumo de naranja (0,50 euros) recién exprimido delante de ti. O comprar tintes, o las típicas chilabas.

Chilabas en Chefchaouen

Precisamente una de las imágenes más características de Chefchaouen, y que desde mi punto de vista le confieren mayor encanto, son las chilabas de lana con capucha que en la época invernal llevan prácticamente toda la población local.

Es en esta época, en la que apenas coincidirás con turistas, cuando mejor constatarás el exotismo de Chefchaouen.

Luego, ya en primavera y en verano, la mayor presencia de turistas y la desaparición de esas chilabas invernales restan ambiente rural a esta preciosa medina.

Cascada y lavaderos

En tu paseo por la medina debes seguir subiendo en dirección noreste hasta llegar al arco de salida que se abre en la muralla en esa zona, para luego bajar a la cascada y los lavaderos.

Es una zona que en días festivos se llena de visitantes, sobre todo marroquíes, los cuales se refrescan en las pozas que se forman en esta garganta por donde baja el agua, y donde se encuentran los lavaderos.
Ahi podrás ver a las campesinas que se concentran con sus típicos y coloridos gorros de paja, los cuales venden a los turista o, en su defecto, te piden una propina por hacerlas una foto.
Dónde comer en Chefchaouen

La gran mayoría de los restaurantes de Chefchaouen se concentran alrededor de la plaza Uta el-Hamman o en sus cercanías.

Quienes conocen bien este bello pueblo desaconsejan que te sientes a comer en algunas de las terrazas de la plaza. En cambio, el restaurante que te aconseja la gente local es Hassan, en la parte alta de la plaza.

Bastante grande y muy turístico, ahí encuentras un menú a elegir con platos de gastronomía marroquí y buen precio.

Otro restaurante recomendable es Casa Aladín, fácilmente reconocible por su mirador cubierto y su terraza que se levanta sobre la plaza. También tienes especialidades marroquíes, y puedes comer bien con un menú que con bebidas te costará menos de 10 euros.

Un té en la plaza de medina

Y, sin duda, la mejor forma de terminar tu jornada en Chefchaouen es sentarte, ahora sí, en la terraza de algún café de la plaza para tomarte un típico té verde con azúcar y hojas frescas de menta.

Te adelanto que te puedes pasar horas viendo deambular a la gente, en una mezcla de culturas, desde los más exóticos personajes locales, hasta los numerosos turistas, tanto occidentales como japoneses e incluso chinos.

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Me atrevería a decir que Marruecos en general es seguro y sobre todo para los turistas, pero no hay que ser ingenuos, se deben tener en cuenta medidas preventivas de seguridad personal como poner el equipaje y el dinero a buen recaudo.

Es necesario estar atentos y ser precavidos sobre todo en las ciudades grandes y turísticas, en lugares donde se producen mayores aglomeraciones por ejemplo en las medinas o zocos,  ya que podemos ser víctimas de un robo al descuido. Es aconsejable llevar el bolso siempre cerrado y en un lugar visible, al igual que la cartera y objetos personales. En Marruecos no es común el robo con violencia y menos a extranjeros.

Tampoco es prudente enseñar mucho dinero para pagar cosas de poco valor. Así que el taco es mejor que lo llevéis escondido y no en la cartera.

Los hoteles son seguros y permiten dejar el dinero guardado antes de salir.

Os recomiendo viajar con maletas que tienen clave y dejarla siempre cerrada a cal y canto cuando salís de la habitación. Si ponéis siempre el mismo número podréis comprobar si os lo han intentado manipular en la habitación del hotel.

Si viajáis en vehículo privado no dejéis cosas de valor a la vista. Pueden romperos un cristal.

En la carretera:

Tenga mucha precaución al volante, en Marruecos se cometen constantemente infracciones de tráfico y las normas de seguridad vial no se suelen respetar ni tan siquiera las del sentido común

Aquí exponemos algunas de las situaciones más comunes

  • ¡Los peatones no cruzan la carretera, sino se lanzan incluso en las autopistas y autovías!
  • Los coches y taxis suelen competir a ver quién es el más rápido y arriesgado, se suelen ver dando la media vuelta en las medianas de las autovías,
  • Desconfiad de los intermitentes, la mayoría de las veces no los usan y cuando lo hacen no es de la manera correcta.
  • ¡En las rotondas los conductores se detienen en mitad de ella para dejar pasar los que vienen de la derecha o quizás no!
  • ¡Pero lo peor sin duda, son los conductores camicaces que adelantan en plena curva sin ninguna visibilidad y que ponen su vida y la de los otros en peligro!

Multas de Tráfico

Hay muchísima presencia policial en las carreteras, sobre todo suelen situarse en las rotondas, intersecciones, debajo de los puentes y cerca de las cabinas de peaje de las autopistas. Tened mucho cuidado con respetar límite de velocidad de la vía. Hay que tener cuidado con los semáforos, cruzar en ámbar es motivo de multa.
La multa más común es la de 700 dírhams (70 euros).


Policía:

En Marruecos hay dos tipos de policía: la Gendarmería, cuyos oficiales visten uniformes de color gris, se encarga de los controles en las principales vías de comunicación, en los cruces y en las entradas a las ciudades, de modo parecido a la Guardia Civil.

Por otro lado está la Sureté Nationale que viste de uniforme azul marino o de paisano, el equivalente a nuestra policía nacional. Cualquiera de los dos te puede pedir el pasaporte, que es obligatorio llevar consigo en todo momento.

El teléfono de emergencias de la policía es el nº 19. El de la Gendarmerie es el nº 107.

Marruecos en general es un país seguro. Hay policía por todas partes y su principal cometido es cuidar del turismo y evitar el pillaje.

Falsos guías:

No obstante conviene estar alerta y desconfiar de los numerosos guías voluntarios que se ofrecen para ayudarnos. La picaresca existe y son muy persistentes. En muchas ocasiones hemos dicho no a estos falsos guías y es como si les diese igual.

Recuerdo una vez en la medina de Fez que intentábamos zafarnos de uno de estos voluntarios y no había manera, cada vez que le dábamos el esquinazo nos volvía a encontrar a los cinco minutos, al final lo dimos por imposible y regresamos al hotel a tomar te y dejar nuestro paseo para otra ocasión.

Definitivamente esto es algo con lo que hay que convivir sobre todo en las grandes ciudades. En Asilah es más leve esta inconveniencia, pero desde luego que existe y que la mejor receta es decir no con mucha educación e ignorar al personaje en cuestión.

La noche:

Tened cuidado en las salidas nocturnas, la peligrosidad dependerá de la ciudad a la que se visite, evitad los lugares poco frecuentados a altas horas de la noche y siempre intentad tomar un taxi o algún otro medio de transporte para volver a vuestro hotel.
En algunas ciudades, las calles son completamente desérticas a partir de las 22:00 de la noche. Se desaconseja por supuesto a las mujeres salir solas durante la noche.

Discotecas y pubs:

En las ciudades turísticas encontraremos muchos de estos locales principalmente orientados al turista. Tened mucho ojo ya que algunas marroquíes aprovechan estos lugares para cazar turistas y ejercer la prostitución. El principal peligro de esto, es verse sorprendido por la policía de camino al hotel, ya que es muy posible que seáis parados y os pidan papeles que demuestren el matrimonio o el compromiso con la acompañante marroquí. Debido a esto podemos vivir una situación desagradable y seguramente salgáis multados.

Aunque Marruecos es un país bastante seguro y el marroquí por lo general bastante amistoso, es necesario como a cualquier lugar al que se visite saber evitar situaciones peligrosas.

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Es importante recordar que en Marruecos, la mayoría de la población son musulmanes; y es que se trata de un país sin mucha tradición de celebraciones cristianas como la Navidad. Aun así, no podemos olvidar que Marruecos es un lugar habitado por bastantes extranjeros de religión cristiana. Por este motivo, no es de extrañar tampoco que cada vez sea más común observar familias celebrando esta fecha tan importante para la iglesia cristiana.

Aunque este día no es declarado fiesta nacional, se permite a las pequeñas comunidades cristianas rendir sus cultos y realizar todo tipo de actos. Así, si viajamos en Navidad a Marruecos, no será difícil encontrar alguna fiesta privada para turistas, normalmente en hoteles. En ellas, se suelen realizar simples cenas y el típico intercambio de regalos.

Estas celebraciones suelen ser bastante discretas y no llaman demasiado la atención. Por tanto, no encontraremos símbolos como el típico pesebre, el árbol de Navidad o las luces de mil colores y guirnaldas colgadas de las calles que tanta luz y alegría dan a otras ciudades del mundo durante estos días.

En las ciudades más grandes, en aquellas en las que encontramos iglesias católicas como en Tánger o Casablanca, es posible acudir a alguna misa de medianoche, o lo que es lo mismo, la misa del gallo con tanta tradición en Europa.

 Aunque en Marruecos la Navidad no tiene demasiada difusión, es interesante ver como su fiesta grande la conocida como Fiesta del Cordero, sí es celebrada por miles de fieles musulmanes en todo el mundo.

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Marruecos  no es sólo las magníficas ciudades imperiales, los zocos y los mágicos desiertos de las rutas del sur. Hay otro Marruecos, cosmopolita, abierto, que armoniza la modernidad con la historia y la tradición. Un Marruecos dónde las tiendas de marca, los cafés de moda, las mansiones, los campos de golf y las playas conviven con la arquitectura más tradicional, los puestos de marroquinería y las mezquitas. Un Marruecos que se abre al mar y se deja contagiar por Europa sin perder su esencia.

Así es Casablanca, el inolvidable escenario del romance entre Bergman y Bogart, que continúa seduciendo a quién se aventura en sus calles, sus barrios y a su animado paseo marítimo. Una ciudad que nos muestra el mayor centro comercial de África o el minarete más alto del mundo, en la espectacular mezquita de Hassan II situada sobre la playa, donde los guías turísticos te descubrirán tesoros a cada paso.

Casablanca es una ciudad de contrastes en la que conviven el sabor tradicional de la medina con la espectacular Corniche de Aïn-Diab, con unas maravillosas puestas de sol y su animada vida nocturna. El mejor enclave para disfrutar de este acogedor país sin sentirte demasiado lejos de casa. Un viaje al pasado, al presente y al futuro.

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En Marrakech llegamos a uno de los destinos imprescindibles en cualquier viaje a Marruecos. No es la capital del país ni tiene el paisaje más bonito, pero atrapa al viajero, lo enamora con su diversidad, lo seduce con la tradición y la diversión, con intensos aromas y una amplia oferta turística. Pero si Marrakech es absolutamente inolvidable es por su plaza Jemma el Fna, que consigue impregnar cada poro de nuestra piel en el mismo momento en que ponemos los pies en ella. Plaza de día y plaza de noche, Jemma el Fna se transforma con el paso de las horas y nos ofrece mil y una historias mágicas.

Marrakech es mucho más, por supuesto. Las excursiones nos llevarán a paisajes de ensueño como las cascadas de Ouzoud -dónde los restaurantes ponen sus mesas en medio del río-, el palmeral o los preciosos jardines de la Menara. El zoco, la mezquita Koutoubia (y la inevitable comparación con la Giralda), la medersa Ben Youssef o el moderno barrio de Gueliz, son otros de los atractivos de la ciudad, imperdibles en nuestros tours.

Pero vayáis donde vayáis, volveréis al punto neurálgico de la ciudad. En Marrakech, todos los caminos llevan a Jemaa el Fna, a sus zumos de fruta recién exprimidos, al olor de carne a la parrilla, a los encantadores de serpientes y a las mujeres que ofrecen tatuajes de henna. Imposible olvidar sus tés con menta, viendo la vida pasar.

 

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Déjate seducir por la joya de Marruecos. Bañada por la inmensidad de sus dunas doradas, Merzougaofrece al visitante la sobrecogedora experiencia de dormir en las tradicionales haimas del desierto.Nos veremos inmersos en hermosos paisajes, silencio y un espectacular universo que se abrirá ante nuestros ojos con suincreíble manto de estrellas arropado por bellos atardeceres y amaneceres. Un regalo para la vista y para el espíritu del viajero.

Merzouga es el lugar ideal para realizar actividades, rutas y excursiones por la zona, muchas de ellas en 4x4 o en dromedarios. La hospitalidad de los guías autóctonos permite descubrir no sólo el desierto sino también los pueblos nómadas, la antigua cárcel portuguesa, o el magnífico verdor del palmeral que contrasta con los cálidos tonos de las dunas, en una imagen de infinita belleza.

Un viaje fascinante que nos lleva a la ensoñación del desierto y a la magia del norte de África. Una experiencia simplemente inolvidable.

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Todo en ella es magia. Todo en ella es esencia, historia y perfume. Fes, ciudad imperial de Marruecos, es capital de la artesanía y centro de cultura y tradición. Su medina, la zona peatonal más grande del mundo  y uno de los destinos más atractivos del país, nos ofrece miles de callejuelas sin coches donde perdernos, repletas de colores, vida e innumerables maravillas arquitectónicas escondidas tras los bulliciosos zocos. Principio o fin de la mayoría de viajes por Marruecos, Fez abre sus puertas al visitante sin fijarse demasiado en él, dejando que deambule sin rumbo en su laberinto de calles, apreciando la artesanía de la ciudad, descubriendo a cada esquina edificios revestidos de azulejos, majestuosas puertas, muros de adobe, madrazas y alfarería azul cobalto, entre burros, carruajes y pequeñas motocicletas que transportan mercancías.

En el barrio de los curtidores, acompañados de guías autóctonos, alguna angosta escalera nos llevará a las terrazas de los edificios, una talaya privilegiada para admirar el duro trabajo de estos artesanos que producen cuero y pieles en un escenario lleno de color. En cualquier ruta por las callejuelas de la medina, descubriremos preciosos palacetes donde podremos degustar la rica gastronomía de la ciudad, disfrutando de la hospitalidad de los marroquíes.

Fez, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, detiene el tiempo y nos lleva al Marruecos más auténtico. Lo importante no es qué ver. Lo importante es vivirlo.

Si queréis vivir la experiencia mágica de visitar Fez os proponemos dos rutas:

http://www.toursmarruecos.com/rutas-marruecos/rutas-desde-fes

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A los pies del Atlas, 350 km. al sureste de Marrakech, aparece Zagora, puerta de entrada al desierto del Sahara, en un evocador entorno entre palmerales y dunas. Situada en el fértil valle del Draa, aúna su esplendoroso pasado como parada obligatoria en la ruta de las caravanas, con arquitectura tradicional, aroma a especias, una gastronomía exquisita, servicios turísticos y concurridos zocos.

La ciudad, situada en uno de los mayores oasis de Marruecos, es el enclave ideal para iniciar las rutas por el Sahara. Acompañados por guías autóctonos podremos disfrutar de la magia de las dunas y la arena cristalina. Zagora nos lleva al silencio, la paz, cielos estrellados y bellos atardeceres, un mundo mágico e imaginado que nuestros tours hacen realidad.

Además del inolvidable Sahara, la ciudadofrece la posibilidad de múltiples excursiones hasta fortalezas y palmerales que nos permiten descubrir pequeñas aldeas donde se recogen dátiles, se lava la ropa o se va en busca de agua, en un viaje apasionante hacia la esencia de Marruecos.

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Viajar a Marruecos es sumergirse en una nueva cultura, de inmersión en el desierto caliente y sentir el frío glacial del Atlas en la cara. Se siente el calor de la gente de los paisajes desérticos inhóspitos. Es una tierra de la gente, de gente muy amable, con una cultura muy rica y antigua.

En la entrada del desierto, me esperaba un camellero llamado Aziz. Parecía un hombre simple pero más adelante descubrí que era un hombre profundo. Subí en el camello con paciencia y caminamos paso a paso a través de las dunas ardientes. Un paisaje impresionante. En el fondo, el campamento dónde nos alojaremos ¡Hermoso!

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